«A veces, para entender el caos de una fiesta tradicional, necesitamos una fotografía que invierta nuestro propio orden lógico.»
En nuestra nueva entrevista, hemos recibido a Francisco Claver. Viene a presentarnos su primer fotolibro, titulado «Disparatavus». Hemos aprovechado el contexto posterior a la Semana Santa para profundizar en cómo la fotografía contemporánea puede aproximarse a los ritos y tradiciones de los pueblos, alejándose del mero registro documental para abrazar una visión mucho más subjetiva e intimista.
Claverg nos propone un viaje visual a través de las fiestas del norte de Extremadura, una tierra que estuvimos visitando recientemente con nuestra compañera Marige.
El libro como objeto dinámico: este proyecto no es un libro que se lea de forma convencional. El propio diseño te obliga a moverlo, a alejarlo o a girarlo. Este concepto físico refleja lo que ocurre durante una fiesta patronal: el orden habitual del mundo se invierte y da paso al caos.
La reinterpretación de los elementos: en sus páginas, una hoguera puede parecer una constelación y el vuelo de los pájaros cambia de dirección a la mitad del libro, simbolizando ese momento en el que la rutina se rompe. Es un trabajo que trasciende los localismos extremeños para hablar de la esencia universal del festejo marcado por el sonido del tambor.
Uno de los grandes aprendizajes de esta charla ha sido entender el proceso de destilación que requiere un proyecto de esta magnitud.
Descartar para construir: el autor nos ha confesado cómo, con la ayuda de su editor Joaquín, tuvo que volverse mucho más exigente. En la edición de un fotolibro, tienes que aprender a despedirte de fotografías maravillosas si estas no sirven al propósito narrativo de la obra.
La paciencia del fotógrafo: citando el «Verbolario» de Rodrigo Cortés, Curro nos recordaba que el fotógrafo es un artista impaciente por naturaleza. Sin embargo, construir un ensayo visual sobre tradiciones requiere volver una y otra vez a los mismos lugares, hablar con la gente y dejar reposar el archivo durante meses antes de darle forma definitiva.
La experiencia de Francisco Claver nos enseña que no necesitamos cruzar el planeta para encontrar grandes historias. Las fiestas populares de nuestra propia tierra son un escenario inagotable para desarrollar proyectos visuales profundos. Al retratar lo que tenemos cerca, comprendemos mejor los códigos y los comportamientos, lo que nos permite ir más allá de la postal turística para capturar el verdadero latido de la celebración. Os animo a seguir documentando las tradiciones de vuestro entorno con una mirada propia, dejando que la fiesta modifique vuestra forma de encuadrar.
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