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La Galería FTG expone el trabajo documental de Gustavo Bravo ‘Donde mueren los Mercedes’

El próximo jueves 16 de julio, la Galería FTG de la calle Gorbea acoge una inmersión cultural y visual única. La muestra fotográfica, obra de Gustavo Bravo, retrata la supervivencia del pueblo saharaui a través de la icónica flota de vehículos alemanes que vertebra la vida en los campamentos de refugiados Tinduf.

Exposición fotográfica 'Donde mueren los Mercedes'

Vitoria-Gasteiz será escenario el próximo jueves 16 de julio, a las 18:30 horas, de una inauguración que trasciende el formato tradicional de una exposición fotográfica. La Galería FTG, situada en el número 41 de la calle Gorbea, mudará su piel para convertirse en una auténtica haima del desierto y acoger la muestra ‘Donde mueren los Mercedes’.

El proyecto tiene un origen profundamente humano. En diciembre de 2025, el fotógrafo Gustavo Bravo y la periodista Sandra Remón, viajaron desde Foronda de la mano de la asociación alavesa AFANIS responsable del programa ‘Vacaciones en paz’ a los campamentos de refugiados saharauis ubicados en el país que les acoge desde hace 50 años: Argelia con un propósito íntimo: visitar a la niña que acogen durante los veranos en Álava y conocer a su familia y su forma de vida.

Allí, en la dureza de la hamada argelina, Bravo hizo un descubrimiento visual y sociológico que vertebraría esta obra: los campamentos de Tinduf son, literalmente, el lugar donde van a «morir» –y a revivir eternamente– los Mercedes.

Una inauguración inmersiva en la calle Gorbea

Para trasladar al espectador a la dura realidad de los campamentos saharauis, la Galería FTG ofrecerá una experiencia sensorial completa. El interior de la galería se convertirá en una haima: el suelo de FTG se vestirá con alfombras tradicionales y se ofrecerá a los asistentes el ritual del té saharaui, además de contar con pintadoras de henna, recreando la hospitalidad de las wilayas del exilio.

Y la fiesta saltará también a la calle. Frente a la puerta de la galería, los visitantes podrán admirar uno de los icónicos Mercedes que da título a la muestra. Y junto a él, podrán descubrir una auténtica rareza automovilística y un pedazo de historia viva: un Volkswagen Escarabajo propiedad de un vecino vitoriano, Patxi García. Este vehículo es uno de los dos únicos coches clásicos que circulan por España conservando su matrícula original SH (Sáhara), un vestigio de cuando el Sáhara Occidental era la provincia número 53 de España.

50 años de exilio sobre ruedas alemanas

 

La muestra (con fotografías de Gustavo Bravo y textos de Sandra Remón) explora una asombrosa coincidencia histórica. Hace 50 años, en 1975, comenzó la ocupación marroquí del Sáhara Occidental y el éxodo forzoso de la población civil hacia la planicie de Tinduf, cedida por Argelia. Casi en paralelo, en enero de 1976, Mercedes-Benz lanzaba al mercado el modelo W123. Medio siglo después, ambas historias están entrelazadas.

En el aislamiento de los campamentos, donde habitan más de 170.000 refugiados repartidos en las wilayas (El Aaiún, Auserd, Smara, Bojador y Dajla), la movilidad es vital. El pueblo saharaui ha resuelto este desafío adoptando una flota masiva de viejos Mercedes diésel. Estos turismos de cuatro puertas, fabricados hace 30 o 40 años e importados mayoritariamente desde España, Alemania y Francia, se adquieren por un precio medio de 3.000 euros —el equivalente a construir una casa de bloques de cemento— y actúan como taxis, transportes de carga y vehículos familiares.

La mecánica frente a la calamina

La omnipresencia del W123 y su sucesor, el W124, no responde al coleccionismo, sino a la pura supervivencia mecánica. El gran enemigo del desierto es la «calamina», una ondulación del terreno que desintegra los coches modernos. La vieja suspensión independiente de largo recorrido de estos Mercedes absorbe el castigo sin partir el chasis.

Además, su inyección mecánica Bosch puramente analógica garantiza que un sensor sucio por el polvo jamás detenga el motor. En la hamada, la falta de chips y electrónica no es un atraso, sino un seguro de vida. A base de una estricta economía circular, los vehículos que ya no pueden rodar se desguazan metódicamente para ceder sus piezas y mantener en marcha al resto. Ante esta eficiencia inmediata, incluso el dromedario, legendario rey del desierto, ha quedado relegado a labores de reserva alimentaria y prestigio.

Identidad, resistencia y un futuro en suspenso

Las imágenes que componen ‘Donde mueren los Mercedes’ también son un documento político. Casi todos estos coches portan matrículas amarillas emitidas por el Ministerio de Transporte de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), encabezadas por las siglas SH. Son el símbolo diario de una soberanía en el exilio.

En el paisaje de chatarra, las carcasas vacías son el parque de juegos para miles de niños que solo conocen el exterior a través de iniciativas mermadas como ‘Vacaciones en Paz’. El viejo Mercedes es, para ellos, el vehículo que los lleva al aeropuerto y el que los recibe a su vuelta.

Bajo la reciente llegada de la luz eléctrica a los campamentos, estos coches aguardan. Como relata la exposición, el Mercedes saharaui es una máquina del tiempo lista para seguir operando indefinidamente en la dureza del destierro, pero también mecánicamente dispuesta, con el depósito lleno y el motor frío, para emprender algún día el viaje de retorno definitivo a un Sáhara libre.

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