El papel lo aguanta todo, pero la sala no. Aquí es donde empieza la verdadera pelea del montaje.
En la primera parte vimos la teoría; en esta segunda parte del análisis de ÁrabaClick, nos ponemos el mono de trabajo. Vamos a destripar cuatro espacios reales, cada uno con sus «trampas» mortales, y veremos cómo convertirlas en virtudes expositivas.
El centro de interpretación es espectacular, pero sus cristaleras son una pesadilla de contraluces al atardecer.
El problema: La luz entra a chorros y «ciega» las obras, creando sombras con las vigas de madera.
La solución: Disposición a contraluz. Colocamos los paneles expositores bloqueando la luz natural para que las fotos se iluminen solo con luz artificial controlada.
La edición: Separamos fauna por temáticas estrictas (solo ciervos en agua, solo aves) y usamos a un autor (Eneko) como «puente» visual entre ambos mundos.
Un instituto con paredes rojas, agujeros y cambios de temperatura brutales.
La elección: Blanco y Negro. El color habría peleado con el rojo de la pared, pero el B&N aguanta el tipo.
La política del montaje: Aquí aprendemos una lección vital: poner límites. Si hay cables colgando o alguien quiere «colar» fotos de alumnos en medio de la exposición, hay que plantarse. No es soberbia, es respeto a la obra de los artistas. «No hace falta ser el MoMA para hacer las cosas con dignidad».
Una escuela de arte que nos permitió jugar con cuatro superficies distintas en una sola sala:
Soportes: Madera aglomerada (con puntas de acero para un look crudo), Metal (con imanes de neodimio, nada de imanes de nevera), Cristal y Cables suspendidos.
El Mural Coral: ¿Qué hacemos con las fotos buenas que se quedan fuera de la serie principal? Creamos un mosaico colectivo al fondo. Una forma brillante de aprovechar los descartes y dar visibilidad a todo el grupo.
Rompemos la regla aburrida de «todas las fotos al mismo tamaño».
Narrativa de escala: Usamos el tamaño para contar cosas. Fotos pequeñas para momentos íntimos (como las de smartphone de Fátima) y fotos gigantes para espacios arquitectónicos.
La disposición orgánica: Si la foto está tomada mirando al techo, la colgamos arriba. Si mira al suelo, abajo. Obligamos al espectador a moverse como lo hizo el fotógrafo.
Como nos cuentan Cris y Tanya en el vídeo, comisariar es aprender a renunciar. Es quitar esa foto que te encanta pero que «mata» a la de al lado. Es un máster en resolución de problemas en tiempo real.
El montaje es el último paso de la creación. Si quieres controlar todo el proceso, desde la toma hasta el clavo en la pared, entra en nuestra formación avanzada. 👉 [Descubre la Incubadora de Proyectos Fotográficos]
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