«La fotografía solo termina su viaje cuando se materializa en papel y se comparte físicamente con el mundo.»
Soy Gustavo y hoy damos el pistoletazo de salida al último ciclo antes de las vacaciones de verano. En este laboratorio digital vamos a dejar la pantalla a un lado para mancharnos las manos y aprender a trabajar narrativas impresas. Arrancamos con lo que considero la unidad mínima de publicación – el fanzine japonés.
Hacer un fotolibro puede sonar abrumador, pero un fanzine japonés demuestra que menos es más.
Papiroflexia fotográfica: con un único papel impreso por las dos caras y unos cortes estratégicos, podemos crear una pequeña publicación con varias páginas. Es una forma económica y muy directa de dar salida física a los proyectos del reto de Semana Santa.
La elección del papel: no sirve cualquier soporte. Si usamos un folio clásico de oficina el resultado será endeble, pero si queremos calidad fotográfica necesitamos buscar papeles específicos que permitan la impresión por ambas caras.
La verdadera dificultad de este formato no está en el plegado, sino en la preparación del archivo.
Cuidado con el pliegue: al crear nuestra plantilla y colocar las ocho fotografías que formarán el mosaico principal, no podemos asignar el mismo tamaño exacto a todas las celdas. Si lo hiciéramos, al doblar el papel la doblez «mordería» y montaría unas imágenes sobre otras.
Compensar los márgenes: para que el resultado sea perfecto, las imágenes de los laterales deben tener un poquito más de anchura. Este pequeño ajuste técnico compensa el espacio físico que roba el papel al ser plegado.
Antes de gastar tinta y papel fotográfico caro, mi mayor consejo es imprimir la plantilla en blanco y negro sobre folios reciclados. Montad el fanzine de prueba, revisad que el orden de lectura tiene sentido narrativo y comprobad que ninguna cara importante se queda atrapada en el pliegue central.
El fanzine japonés es la excusa perfecta para perderle el miedo al papel. A veces acumulamos miles de fotografías digitales sin darles una salida tangible, olvidando que la verdadera experiencia visual requiere tocar y pasar páginas. Os animo a descargar las plantillas, encender vuestras impresoras y empezar a montar este rompecabezas. Vuestras fotos merecen salir de la pantalla.
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