«La realidad no tiene nada de interesante; lo interesante es cómo la luz y nuestro punto de vista la transforman.»
Soy el fotógrafo Gustavo Bravo. Espero que hayáis tenido unas buenas vacaciones o al menos un buen descanso. Arrancamos este tercer trimestre revisando el material que habéis producido y cómo habéis integrado la idea del realismo mágico que planteábamos antes de las vacaciones. En esta sesión hemos analizado cómo los proyectos de largo recorrido empiezan a coger una forma muy interesante gracias a la constancia de seguir fotografiando mes a mes.
El reto de estas semanas era alejarse del simple chiste o «gag» visual para abrazar la ambigüedad de la imagen.
Normalizar lo extraordinario: viendo el trabajo de compañeros como Alicia o Félix, comprobamos cómo una farola puede parecer un OVNI que abduce algo, o cómo la ciudad de Toledo puede transformarse en un escenario marciano. El realismo mágico consiste en descontextualizar una realidad cotidiana hasta que nos obliga a mirar dos veces.
El gag frente al misterio: como vimos con la fotografía de la sombrilla rota de Josean Gil, la clave está en que la foto no explique todo de golpe. Si la imagen genera una sonrisa rápida, es foto de calle clásica; si te hace dudar y genera preguntas, estamos tocando el realismo mágico.
A veces, un proyecto nos sirve para mostrar cómo percibimos el mundo y crear un ejercicio de empatía con el espectador.
El urbanismo hostil: Isoné, desde su perspectiva con discapacidad visual, documenta elementos urbanos (bancos, escaleras) que para muchos son normales, pero que en realidad son campos minados y trampas arquitectónicas.
La perspectiva objetiva: para que este tipo de trabajos gane inteligencia y sutileza, recomendé no forzar el ángulo ni señalar exageradamente con el enfoque. Fotografiar estos obstáculos a nuestra altura natural y con total neutralidad visual hace que el mensaje cale mucho más hondo.
Un error muy común, especialmente para quienes venís de la disciplina de la fotografía de estudio, es obsesionarse con los objetos en lugar de observar cómo están iluminados.
La luz de las cosas: no me interesa fotografiar las cosas de una casa o un caballo aislado; me interesa cómo la luz baña esa casa o cómo incide sobre ese animal. Cuando juntas un sujeto cotidiano con una luz extraordinaria, consigues imágenes míticas.
Soltar el control: tenéis que perder el miedo a la luz no controlada (ya sea del sol, un semáforo o una farola). La fotografía no va de construir la luz artificialmente, sino de reaccionar con sensibilidad ante ella.
Ver la evolución de alumnos que llevan la cámara colgada e integrada en su vida (como Ana o Silvia) demuestra que la inspiración premia a quienes disparan a diario. Un día sin cámara es un día perdido. En este tercer trimestre nos acercamos a la fase de presentación de los proyectos más avanzados. Os animo a seguir disparando, a empezar a tomar apuntes y titular vuestras series, y a apoyaros en las tutorías para empaquetar bien todo vuestro trabajo.
Tener buenas fotos sueltas es solo el principio. Si quieres aprender a editar, secuenciar y presentar tu trabajo con solidez ante el público, te acompañamos en todo el proceso. 👉 [ver curso de fotografía documental]
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