«A veces tenemos que volver al lugar donde crecimos para encontrar la historia fotográfica que realmente necesitamos contar»
En nuestra Talk número 163 hemos recibido a una invitada muy especial que viene a presentarnos su fotolibro ‘Presencio & rural kids’. Después de haber abordado durante las últimas semanas conceptos como el realismo mágico en los pueblos y el regreso al entorno cotidiano tras la Semana Santa, este trabajo llega en el momento perfecto para inspirar a todos los que estáis intentando conceptualizar las fotos de vuestros propios orígenes.
El proyecto aborda el mundo rural desde una perspectiva muy refrescante y necesaria, alejándose del dramatismo.
Los veranos eternos: el trabajo huye de la clásica visión de la despoblación o la soledad. La autora documenta esos periodos estivales donde el tiempo parece detenerse, mostrando cómo los jóvenes experimentan una libertad plena y transforman por completo el paisaje de los pueblos.
La identidad personal: al pedirle un proyecto para su máster, se dio cuenta de que no había nada más sincero que fotografiar sus raíces. Las imágenes reflejan la importancia de criarse en un pueblo castellano y cómo ese entorno condiciona nuestra forma de ser en el presente.
Convertir un archivo inmenso de fotos de verano en un fotolibro premiado y publicado por La Kursala no es un camino sencillo.
Confiar en el editor: contar con la visión del diseñador y editor Jaime Narváez fue vital. Cuando estás demasiado apegado emocionalmente a tus imágenes, apoyarte en un profesional externo es la mejor manera de saber qué fotografías deben entrar y cuáles deben quedarse fuera de la secuencia final.
El protagonismo de la imagen: frente a la tendencia actual de crear fotolibros con diseños muy abigarrados donde el objeto prima sobre la foto, aquí se apostó por un estilo clásico. Con páginas en blanco, un diseño sencillo y textos que ayudan a conectar con la experiencia, el libro permite que las fotografías respiren y hablen por sí solas.
Conocer el proceso creativo de esta autora nos demuestra que las grandes historias fotográficas suelen estar mucho más cerca de lo que imaginamos. A veces nos bloqueamos buscando temas exóticos o lejanos, olvidando que la verdadera fuerza narrativa reside en los lugares que mejor conocemos y que han forjado nuestra identidad. Os animo a seguir documentando vuestros pueblos y vuestras familias; puede que ahí mismo se esconda vuestro próximo gran proyecto.
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