Descubre los proyectos ganadores del III Encuentro Fotográfico ‘Argazkia Puntu Eus’ 2026
Este lunes 20 de abril de 2026 Argazkia Puntu Eus ha hado a conocer los nombres de los ocho ganadores de la tercera edición del Encuentro Fotográfico de Euskal Herria que tendrá lugar el 9 de mayo en Aretxabaleta (Gipuzkoa).
Los ocho autores seleccionados en Aretxabaleta, Gipuzkoa, Araba, Bizkaia, Nafarroa, Lapurdi, Nafarroa Beherea y Zuberoa podrán presentar sus proyectos en el auditorio Arkupe Kultur Etxea, disfrutarán de una exposición fotográfica colectiva y recibirán 500 euros cada uno.
Proyectos ganadores Argazkia.eus 2026
Por tercera edición consecutiva, el Ayuntamiento de Aretxabaleta (Gipuzkoa) acoge el Encuentro Fotográfico de Euskal Herria Argazkia Puntu Eus que premia los proyectos fotográficos realizados por vecinos de Euskal Herria que trabajan en el territorio.
La organización premia ocho proyectos realizados por personas que hayan nacido o vivan en Euskal Herria y realicen proyectos fotográficos en Euskal Herria.
Se entregan 8 premios de 500 euros cada uno (4.000 euros en total) a fotógrafos nacidos o residentes en Euskal Herria, que realicen sus proyectos fotográficos en el territorio, pudiendo ser realizados en su provincia natal o de residencia y/o en en otras provincias vascas.
En esta tercera edición, los proyectos ganadores han sido:
- Ointxapeldunak (Aretxabaleta)
- Matriarkado (Gipuzkoa)
- Dark: el sacamantecas (Araba)
- Zorrotzaurre o la Ribera de Bilbao (Bizkaia)
- San Fermín 2001 (Nafarroa)
- Mugalari (Lapurdi)
- Ahadi (Nafarroa Beherea)
- Pilota (Zuberoa)








Fotógrafos ganadores de Argazkia Puntu Eus 2026
En esta tercera edición, al igual que en las dos anteriores, los ocho proyectos seleccionados como ganadores retratan fotográficamente los intereses y anhelos de ocho autores vascos que están desarrollándose en el territorio.
Los ocho ganadores de esta edición han sido Ángel Ayastuy (Aretxabaleta), Estitxu Ortolaiz (Gipuzkoa), Iván Martín (Araba), Aitziber Abasolo (Bizkaia), Carmenchu Alemán (Nafarroa), Marc Gassó (Lapurdi), Pierre Balacei (Nafarroa Beherea) y Christophe de Prada (Zuberoa).
El fotógrafo ganador del territorio de Aretxabaleta, Ángel Ayastui, ha retratado a los jugadores del equipo Ointxapeldunak de baloncesto inclusivo.

«El proyecto fotográfico narra la evolución de una idea que nació en la mente del entrenador del equipo, Arri, en noviembre de 2020. En aquel momento, en un polideportivo Iturripe vacío debido a las restricciones, mientras se realizaba un entrenamiento virtual con la presencia de solo tres entrenadores y un fotógrafo, surgió la semilla de lo que hoy es una realidad. Aunque la idea se gestó en 2020, no fue hasta mayo de 2024 cuando, con el apoyo de Nuria, el proyecto arrancó oficialmente. Lo que comenzó como un pensamiento en una cancha vacía se ha transformado en un punto de encuentro vibrante y lleno de vida.
El corazón del proyecto es la inclusión. En la cancha de Iturripe se borran las barreras.
Participan jugadores con discapacidad intelectual, sus familias, entrenadores, exjugadores y patrocinadores.
La base está en la comarca del Debagoiena, pero el proyecto atrae a personas de puntos tan diversos como Pamplona, Vitoria-Gasteiz, Otxandio, Durango y Zumaia.
El proyecto no se limita a entrenamientos locales sino que ha llevado su mensaje a escenarios de gran relevancia como el Bilbo Arena, las instalaciones del Baskonia en Vitoria, Legazpi, Arrasate e incluso a la prisión de Zaballa, participando en diversos formatos de partidos y torneos.
Más allá de la técnica deportiva, las fotografías y el texto buscan captar la realidad del juego: las caídas y los golpes físicos son reales, pero se ven superados por las risas y un profundo sentimiento de equipo.
El proyecto concluye con una reflexión filosófica que resume su propósito: tras cada sesión, surge siempre la misma pregunta: «¿Quién ayuda a quién?», sugiriendo que el aprendizaje y el apoyo son bidireccionales y que todos los participantes salen enriquecidos de la experiencia».
La fotógrafa ganadora de Gipuzkoa, Estitxu Ortolaiz, presenta un proyecto homenaje a las mujeres de su entorno.

«Crecí viendo mujeres fuertes a mi alrededor. Mis amonas, mis tías, mujeres que sostenían la casa, la familia y la vida cotidiana con una fortaleza que parecía natural, pero que en realidad era inmensa. Mujeres que cargaban con mucho, a menudo en soledad, y que seguían adelante sin hacer ruido, con una mezcla de entrega, resistencia y dignidad que quedó grabada en mí.
Pienso, por ejemplo, en mi tía, que crió a seis hijos mientras su marido pasaba largas temporadas en el mar. Como ella, tantas otras mujeres sostuvieron mucho más de lo que se veía. Ese pensamiento es el origen de Matriarkado.
El proyecto nace de la confluencia de dos series desarrolladas por separado a lo largo de años: Itsas Emakumeak, sobre las mujeres del mar, (rederas, compradoras, biólogas, pescadoras, y las mujeres de los arrantzales que sostienen todo en tierra mientras ellos faenan), y Haziya, sobre las mujeres ligadas al mundo agrario, al baserri, a la tierra. Dos mundos distintos, dos realidades aparentemente alejadas. Pero al mirarlos juntos, algo se hizo evidente: la misma fuerza aparecía en los dos. La misma forma de sostener, de cuidar, de organizarlo todo desde un lugar invisible. Las similitudes eran más que evidentes.
Matriarkado no habla únicamente de mujeres trabajadoras. Habla de mujeres esenciales. De su capacidad para sostener la vida desde muchos lugares a la vez: el trabajo, la familia, la comunidad, la transmisión de saberes y formas de estar en el mundo. Una presencia que no siempre ha ocupado el centro del relato, pero que ha sido decisiva en la construcción de nuestra identidad colectiva.
A través de la fotografía, el proyecto propone una mirada sensible y contemporánea sobre esa fuerza femenina que atraviesa el tiempo. Las imágenes muestran a las mujeres en su entorno (sus gestos, sus manos, sus cuerpos en acción, su presencia en el territorio) sin detenerse únicamente en el oficio. El trabajo aparece aquí como una forma visible de una realidad más amplia: el esfuerzo, el arraigo, la responsabilidad, la transmisión y la permanencia.
Lejos de una visión nostálgica, Matriarkado quiere ser un homenaje vivo. Un reconocimiento a la importancia real de las mujeres: no como algo secundario o complementario, sino como una parte central de lo que somos».
En la categoría de Araba, el ganador de esta edición, Iván Martín, plantea un proyecto de fotografía inspirado en un asesino en serie que aterró a todos los alaveses a finales del siglo XIX: el Sacamantecas.

«En aquel momento se sucedieron en Vitoria-Gasteiz una serie de crímenes que mantuvieron en vilo y atemorizados a todos los vitorianos.
Juan Díaz de Garayo, de origen humilde, llevaba una vida de lo más ordinaria. Se dedicaba casi por completo a las labores de labranza.
Acabada la guerra civil carlista, entró a trabajar en casa de la Zurrumbona, una viuda que lleva arrendadas algunas tierras y útiles de labranza. Al poco tiempo, se casó con ella, se ocupó de las tierras y tuvo varios hijos con ella. Llevaba una vida más o menos placentera, amaba a su esposa, cuidaba de sus hijos y era considerado como un buen vecino por todos aquellos que le conocían.
Los años buenos llegaron a su fin con la prematura muerte de su esposa. Se casó otras dos veces más pero su hogar se volvió un infierno. Con una familia desestructurada se dio a la bebida, empezó a descuidar las tierras, a sus hijos y a buscar placeres carnales fuera de su hogar.
Los periódicos se hicieron eco de unos primeros crímenes que atribuyeron a un personaje de raíces folclóricas antiguas como es ‘El Sacamantecas’, una figura terrorífica de la tradición oral española, similar al “hombre del saco”, utilizada históricamente para asustar a los niños y lograr que se comportaran.
Finalmente, la mayoría de los crímenes fueron atribuidos a Juan Díaz de Garayo, pero se sabe que hubo varios asesinos simultáneamente que se ocultaban bajo el personaje de leyenda.
Las leyendas del pasado han ido permaneciendo con nosotros, generación tras generación, para que evitemos olvidar que, de vez en cuando, alguno de ellos se convierte en realidad.
El proyecto [da:k]Dark es una visión atemporal de esta leyenda. Nos lleva a vivir, en primera persona, como un vecino en el que se puede confiar, se va transformando, poco a poco, en ese monstruo, como convierte la ciudad donde vive en un lugar tenebroso, donde la oscura realidad supera a la ficción y donde nadie se encuentra a salvo.
La propuesta de Iván Martín simula un proceso fotográfico del siglo XIX conocido como Orotone (fotografía positivada artesanalmente sobre un soporte de cristal y con un acabado de fondo de oro, lo que le da ese tono especial)».

La ganadora del territorio de Bizkaia, Aitziber Abasolo retrata Zorrotzaurre, donde la autora pasó su tiempo juvenil. «Desde que me mudé a Navarra, han sido numerosas las escapadas a Bilbao. Y en eso, últimamente he terminado en Zorrotzaurre y cómo no, sacando fotos. Me atraen mucho los grandes contrastes, y en esto me fijo en cosas siempre viejas y abandonadas. Pensar qué vida ha tenido eso y cuál ha sido la huella que la naturaleza y la gente han dejado en ella años después del abandono de esa fábrica o casa. Dejé los libros de un día que paseaba por allí y encontré un lugar donde coger, allí sobre Zorrotzaurre, encontré un libro escrito por un inglés que vive en él y lo cogí para leerlo. ¿Casualidad? ¿O Causalidad? Zorrotzaurre era en los años 80 un barrio con industria, almacenes y viviendas de familias obreras.
En esta isla (antes península) hay ahora edificios de estos tres estilos: los que han sido sus casas desde hace mucho tiempo, las familias obreras y la gente pobre. Casas que están abandonadas, donde ahora vive gente que no tiene vivienda. Y las casas de Lujús, que están haciendo ahora y muchas veces, familias obreras, casas para hacernos a la mar de lo que vivimos igual de ricos, hipotecándonos para toda la vida. Se ve la diferencia de clases que se da en toda la Ciudadela, en un espacio pequeño de Bilbao, todo deseoso. Además de fotografiar estas casas de tres tipos, también he querido ilustrar su relación con el río y la industrialización de Bilbao.
Está rodeado de arroyos y hasta hace poco ha estado lleno de fábricas en el mismo y en el otro lado del río. Ahora abandonados todos o la mayoría, y esto forma parte del paisaje de este lugar, tanto si se mira hacia el interior como si se mira hacia el otro lado del río.
Culturalmente hay muchos proyectos, mercados de segunda mano, conciertos, un par de espacios para las artes escénicas, etc. y una universidad también ha encontrado su sitio. Esto le da a Zorrotzaurre una gran vitalidad. La comunicación con Bilbao, el autobús, se está modernizando, ahora utilizando autobuses eléctricos y como se ve en alguna foto, en el río todas las comunicaciones al otro lado: tren, autopista… Y lo que no se ve, el tranvía, el metro… ¿Por qué atrae esta península/reflejo? Yo creo que porque estás en el pueblo, pero pasas esos dos puentes que han puesto ahora y te metes en otro mundo, que puede que cuando terminen todas las casas medio lujosas pierda su encanto… o no…».

El proyecto ganador por Nafarroa lo firma Carmenchu Alemán, que ha retratado las fiestas de su ciudad natal, Pamplona para su propuesta ‘2001: San Fermín’.
«Los cambios de milenio han sido históricamente momentos de incertidumbre, territorios simbólicos donde el final y el comienzo se superponen. Si en la Europa medieval el año 1000 estuvo marcado por visiones apocalípticas derivadas del Apocalipsis de San Juan, el tránsito hacia el año 2000 reactivó esos mismos miedos desde nuevas formas: lo tecnológico, lo global, lo invisible.
La incertidumbre sobre el futuro generó una ansiedad colectiva a escala global. En ese contexto, en el año 2001, comienzo el ensayo fotográfico San Fermín 2001, situándolo en ese instante de transición: entre el miedo anticipado y el alivio posterior.
En Pamplona, Navarra, cada 6 de julio la fiesta no comienza: explota. La ciudad entra en un estado de excepción donde el tiempo cotidiano se suspende.
Durante siete días, al amanecer, los toros recorren las calles en el encierro, mientras miles de cuerpos humanos se sitúan frente a ellos en una liturgia contemporánea donde el riesgo, el miedo y la posibilidad de la muerte forman parte de la fiesta.
San Fermín se convierte así en un dispositivo colectivo de intensidad, un espacio donde lo individual se diluye y emerge una experiencia compartida.
Tras el cambio de milenio, el mundo experimentó un profundo alivio: el fin anunciado no llegó. Esa liberación generó una necesidad de compensación, de exceso, de afirmación de la vida. En ese contexto, la fiesta alcanzó un grado extremo de intensidad, hasta el punto de “morir de éxito”, convertida en un fenómeno global.
El proyecto se articula en torno al concepto de katharsis, entendido —según Aristóteles— como un proceso de purgación emocional. Sin embargo, aquí no se trata de una experiencia contemplativa: la purificación no ocurre en el espectador, sino en el propio cuerpo que participa. El riesgo no se observa, se atraviesa.
Las imágenes construyen una narrativa donde conviven tensiones fundamentales:
• Sagrado y profano: la solemnidad de los rituales religiosos frente al desbordamiento físico y moral de la fiesta.
• Control y pérdida de control: estructuras ritualizadas que se disuelven en el caos colectivo.
• Placer y violencia: una celebración donde la euforia convive con la agresividad.
• Vida y muerte: la presencia constante del peligro como elemento constitutivo.
• Realidad e irrealidad: un tiempo suspendido donde las acciones parecen carecer de consecuencias.
El cuerpo ocupa un lugar central en este trabajo. Es un cuerpo expuesto, vulnerable, atravesado por el alcohol, el deseo, el cansancio y el contacto físico. Un cuerpo que cae, que grita, que se abandona. Un cuerpo que busca el límite como forma de sentirse vivo.
Tal como ya describió Hemingway en 1926, la fiesta genera un estado de irrealidad donde todo parece posible y donde las consecuencias quedan suspendidas. Este proyecto retoma esa idea y la traslada al contexto contemporáneo, donde la experiencia se intensifica y se amplifica. En este nuevo tiempo, también se produce una transformación en los roles tradicionales. Las mujeres, históricamente relegadas a una posición pasiva dentro del imaginario festivo, irrumpen como sujetos activos. Participan, ocupan el espacio, se apropian de la experiencia. Sin embargo, esta conquista no está exenta de contradicciones: la exposición del cuerpo femenino sigue atravesada por dinámicas de vulnerabilidad y violencia.
Formalmente, el uso del blanco y negro elimina referencias temporales concretas y sitúa el proyecto en una dimensión más simbólica. La proximidad de la cámara, la intensidad de los encuadres y la fisicidad de las escenas buscan implicar al espectador, convirtiéndolo en parte de la experiencia.
San Fermín 2001 no es un documento sobre una fiesta, es la construcción de una iconografía del exceso. Un relato visual donde el tiempo vivido se transforma en tiempo simbólico».

El proyecto ganador de Lapurdi corresponde al fotógrafo Marc Gassó, que ha titulado su propuesta como ‘Mugalari’ y presenta un «proyecto fotográfico en formato analógico, situado a través de la frontera entre Euskadi y el país vasco francés, mas concretamente en el tramo final de la desembocadura del rio Bidasoa, un recorrido visual y muy personal con la frontera como protagonista…. Una frontera que no existe pero se puede ver…
Utilizo tres diferentes montes como puntos estratégicos. Jaizquibel, Peñas de Aya y Xoldokogaina.
Es un viaje con mi furgoneta y mi perra Wilma, a través de caminos y senderos fronterizos.
Es un proyecto en el que intento reflexionar sobre la frontera como lugar físico y simbólico más que como una linea fija, intento desplazar la mirada hacia una percepción inestable del territorio, donde la imagen se fragmenta y el paisaje se vuelve transitorio. Carreteras, caminos, retrovisores y recorridos…
En este trabajo intento transmitir una reflexión sobre las fronteras como experiencia, mas que como lugar».

El proyecto fotográfico ganador del territorio de Nafarroa Beherea es del fotógrafo Pierre Balacey, titulado ‘Ahadi’, realizado desde las cimas de este territorio de Iparralde, mirando al cielo.
«6 de enero de 2019.
Partí tarde, con las nubes como compañeras de camino. El mundo se había detenido y, de repente, arriba: la luz. Por encima del mar de nubes, el sol se hundía. El viento soplaba con fuerza, los colores escapaban y yo intentaba capturar todos esos tesoros.
A lo lejos, las cimas se convertían en lomos de ballenas, desapareciendo en silencio, en calma, en un océano sin olas.
Con la noche comencé el descenso. Los últimos rayos del sol se filtraban entre los árboles. Me sumergí de nuevo en las nubes, y aquellas nubes, en la oscuridad, me llevaron de vuelta a casa».
Finalmente, el proyecto fotográfico ganador de Zuberoa del fotógrafo Christophe de Prada retrata la tradición local de la pelota en este territorio de Iparralde.

La tradición pelotazale en Zuberoa es grande; basta recordar los grandes partidos celebrados en Mauléon, con la participación de Chiquito de Cambo en 1897 en el frontón de la Alameda, o la de los hermanos Dongaitz en la inauguración del Glaria, en 1910. Sin olvidar que el campeón profesional de Euskadi (1996), Pierre Etxalus, vicecampeón del mundo en Cuba (1990), medalla de plata en la Olimpíada de Barcelona (1992), es de Mauléon.
La pelota vasca se practica en toda Zuberoa centrándose las grandes competiciones en Mauléon y Tardets, en las cuales existen dos y una escuelas de este deporte donde destacan dos clubs: el Sport Athlétique Mauleonnais (fundado en 1905) en el que se practican la pelota a mano, gran chistera, cesta punta, pala y paleta, y del que han salido grandes campeones de Francia de rebote, joko garbi, gran chistera y mano (en trinquete o plaza). Y el Atharraztarrak de Tardets (1954), especializado en joko garbi y rebote, con grandes campeones de Francia en 1963, 1975, etc. Un consejero técnico departamental de pelota a mano visita las escuelas de Zuberoa para animar al alumnado en la práctica de este deporte.
Argazkia.eus 2026, el 9 de mayo en Aretxabaleta
El sábado 9 de mayo de 2026, los ocho ganadores de la tercera edición de Argazkia Puntu Eus presentarán de uno en uno sus proyectos en el auditorio de Arkupe Kultur Etxea, en sesiones de 20 minutos con 10 minutos más para poder responder a las preguntas del público. E inaugurarán juntos una exposición fotográfica colectiva, por la cual realizará una visita guiada el comisario Gustavo Bravo.
Las entradas de Argazkia Puntu Eus tienen un precio de 5 euros y saldrán próximamente a la venta en la página web del Ayuntamiento de Aretxabaleta.