Rebecca Norris Webb (South Dakota, 1956) es una fotógrafa y poeta estadounidense cuya obra desafía la definición tradicional de «documental». Originalmente formada como poeta, llegó a la fotografía buscando una forma de extender sus versos al mundo visual. El resultado es un estilo único, lírico y profundamente introspectivo, donde el texto y la imagen no compiten, sino que respiran juntos.
Mientras que muchos fotógrafos buscan capturar el mundo exterior con nitidez, Rebecca fotografía el mundo interior proyectado hacia fuera. Es la maestra de los obstáculos transparentes: cristales, redes, ventanas y espejos que utiliza para crear imágenes que parecen sueños o recuerdos difusos. Su libro My Dakota es considerado una de las elegías visuales más conmovedoras de la fotografía contemporánea.
Cuando analizo la obra de Rebecca Norris Webb con mis alumnos, siempre les pido que bajen las revoluciones. Si Alex Webb es el jazz frenético de la calle, Rebecca es música de cámara. Hay que leerla despacio.
Lo que define a Rebecca no es lo que muestra, sino lo que interpone. Fíjate en su obsesión por el cristal (The Glass Between Us). Para la mayoría, un cristal sucio o con reflejos es un problema técnico. Para ella, es el tema. Ella no fotografía al animal en el zoo; fotografía la distancia entre el animal y nosotros. El reflejo en el cristal mezcla la selva artificial con el rostro del visitante o el cielo de la ciudad, creando una tercera realidad que solo existe en la foto.
La geografía de la intimidad: Rebecca nos enseña que el paisaje no es solo tierra y cielo; es un estado de ánimo. En sus fotos de Dakota del Sur, el paisaje inmenso y vacío no es un escenario geográfico, es un mapa de su pérdida personal. Utiliza la luz suave, a veces nublada, y colores pastel (azules pálidos, marrones tierra) que evocan nostalgia.
Texto e Imagen: Muchos fotógrafos ponen pies de foto explicativos («Mujer en la calle, 1998»). Rebecca escribe poesía junto a sus fotos. En Jardín Remoto siempre insisto en que el texto no debe explicar la foto (eso es redundante), sino ampliarla. Rebecca escribe a mano sobre sus páginas, y esa caligrafía se convierte en parte de la composición visual. Nos enseña que la fotografía también puede ser literatura.
Usa los reflejos para soñar: No limpies la ventana. Usa ese reflejo para superponer capas de significado (interior vs. exterior).
Fotografía lo que amas (y lo que pierdes): Su obra es visceral porque nace de sus afectos. No busca la foto «buena», busca la foto «verdadera».
El color suave también tiene fuerza: No hace falta saturar los colores para impactar. La paleta desaturada de Rebecca transmite una emoción de fragilidad muy potente.
Rebecca Norris Webb nació en 1956 en Dakota del Sur, un estado marcado por las grandes llanuras, el viento constante y un horizonte infinito. Este paisaje austero formó su primera sensibilidad artística.
Antes de coger una cámara, Rebecca fue (y sigue siendo) poeta. Se graduó en el Colorado College y estudió en la New York Studio School of Drawing, Painting and Sculpture. Su transición a la fotografía no fue un cambio de carrera, sino una evolución de su lenguaje poético. Se dio cuenta de que sus poemas necesitaban imágenes y sus imágenes necesitaban palabras.
Su carrera se ha construido a través de una serie de fotolibros monográficos impecablemente editados, donde el ritmo de las páginas es musical.
The Glass Between Us (2006): Su primer gran proyecto. Durante años, fotografió zoológicos y acuarios, pero no como naturalista. Se centró en la compleja relación entre los humanos y los animales cautivos, utilizando los reflejos de los cristales para difuminar la barrera entre «nosotros» y «ellos».
Violet Isle (2009): Aunque es un libro colaborativo con Alex Webb sobre Cuba, la parte de Rebecca es claramente distinguible. Mientras Alex fotografiaba las calles vibrantes, Rebecca se centró en los interiores, los zoológicos privados y los animales de la isla, revelando una Cuba secreta y silenciosa.
My Dakota (2012): Su obra maestra. Tras la muerte inesperada de su hermano, Rebecca regresó a su tierra natal. Lo que iba a ser un proyecto documental se convirtió en una elegía. El libro captura el vacío de las llanuras americanas como un espejo de su propio duelo. Es un libro crudo, solitario y bellísimo que la consagró como una autora fundamental.
Night Calls (2020): Un viaje siguiendo las rutas que hacía su padre, un médico rural, para visitar pacientes por la noche. Es una meditación sobre la memoria, la vejez y el cuidado.
Rebecca ha expuesto su obra en el Museo de Bellas Artes de Boston, el Cleveland Museum of Art y el George Eastman Museum. Además de su obra personal, es una educadora muy respetada que imparte talleres de edición y narrativa visual en todo el mundo, enseñando a los fotógrafos a encontrar su propia «voz».
Es imposible entender a Rebecca Norris Webb sin detenerse en My Dakota. Este libro es un ejemplo perfecto de cómo canalizar el dolor a través del arte. Cuando su hermano murió de insuficiencia cardíaca, Rebecca se encontró incapaz de fotografiar como antes. El paisaje de Dakota, que siempre había amado, de repente le pareció hostil y vacío.
La estética del vacío: En este libro, Rebecca fotografía tormentas que se acercan, ciervos muertos en la carretera y campos de girasoles marchitos. No hay horizonte esperanzador, sino una belleza melancólica.
La escritura: Intercala textos breves, casi telegráficos, dirigidos a su hermano. «¿Es el viento el que aúlla o soy yo?».
La lección: Este trabajo enseña que el fotógrafo no debe huir de sus sentimientos. Si estás triste, tu fotografía debe ser triste. La honestidad es lo que conecta con el espectador.
«Este es mi libro más íntimo. Es un réquiem por mi hermano y por el paisaje de mi infancia que ya no existe.»
Rebecca Norris Webb ha acuñado un concepto fascinante para sus alumnos: la «Tercera Imagen». Cuando pones una fotografía junto a un poema (o junto a otra foto), no tienes dos cosas (1+1=2). Tienes tres.
La foto.
El texto.
La chispa que salta entre ambas.
En sus libros, el texto nunca dice lo que se ve en la foto.
Ejemplo: Foto de un pájaro volando en un interior. Texto: Un recuerdo sobre el abrigo de su madre.
Efecto: El lector conecta el vuelo con la ausencia y el abrigo, creando una emoción nueva.
Ella reivindica que los fotógrafos deben leer poesía para aprender sobre ritmo, metáfora y condensación.
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