«Hacer buenas fotos es el vocabulario. Saber ordenarlas para que cuenten lo que tú quieres es la gramática.»
Bienvenidos a una nueva sesión donde la teoría y la práctica se dan la mano. Aprovechando que se cumplen cuatro años desde la publicación de mi primera pareja de fotolibros (Cabezas del Villar y Retratos), hoy abrimos sus páginas para diseccionar sus tripas. A través de estos dos trabajos, nacidos de un mismo impulso y de una misma campaña de crowdfunding, vamos a entender las dos grandes corrientes que dominan la secuenciación fotográfica: lo editorial (tradicional) y lo artístico (contemporáneo).
La narrativa editorial o documental es heredera del fotoperiodismo clásico y de las grandes revistas ilustradas del siglo XX.
La Intención: Busca explicar, documentar y situar al espectador. Su objetivo principal es que la historia «se entienda».
La Estructura: Suele ser más temática y lineal. Se apoya en una estructura clásica de introducción (planos de situación del territorio), desarrollo (la acción o los retratos) y desenlace. En Cabezas del Villar, esta es la narrativa que impera para mostrar la realidad y la estética de un pueblo marcado por la despoblación, usando colores saturados y flash frontal para documentar a sus gentes y sus rincones.
A medida que la fotografía ha ido evolucionando, muchos autores han sentido la necesidad de escapar de la dictadura del «tema» para centrarse en la emoción o la forma.
La Intención: No busca dar respuestas, sino generar preguntas. Es una narrativa más poética, personal y subjetiva.
La Estructura: Aquí las fotos no se unen por la lógica espacial o temporal, sino por conexiones formales (luces, sombras, texturas, colores) o por metáforas visuales. Las imágenes pueden ser más abstractas o crípticas, exigiendo que el espectador complete el significado. Un retrato ya no es solo «una persona», es un símbolo.
La frontera entre lo editorial y lo artístico nunca es un muro de hormigón.
El Diálogo: El mayor aprendizaje al editar dos libros en paralelo es descubrir cómo fotos que nacieron con una vocación puramente documental esconden juegos visuales y estéticos contemporáneos. A veces, un descarte de un proyecto muy narrativo encaja a la perfección en un proyecto poético simplemente cambiando la imagen que tiene al lado. La edición es la que manda.
El viaje desde el fotoperiodismo hasta la fotografía conceptual nos demuestra que no hay una única manera correcta de hacer un libro. Tu proyecto puede ser un reportaje crudo o un ensayo poético. Lo vital es que, como autores, tomemos una decisión consciente sobre el tipo de narrativa que requiere nuestra historia antes de empezar a encadenar fotos. Tu mirada merece el mejor envoltorio posible.
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