«Hoy no vamos a hablar de técnica, ni de cámaras. Hoy vamos a hablar de la fotografía desde fuera para entender qué estamos construyendo juntos.»
Soy Gustavo Bravo y esta es una sesión que recordaremos siempre. Tras muchos debates internos y búsqueda de identidad, hoy por fin hemos puesto nombre a lo que somos y a lo que queremos ser. Y para explicar de dónde viene este nombre, necesitamos viajar a través de las páginas de un pequeño gran ensayo: El jardín perdido de Jorn de Précy.
De Précy nos plantea una idea demoledora sobre la sociedad actual: somos nómadas que han perdido el norte.
La ciudad de cemento: Vivimos en ciudades diseñadas para la funcionalidad, llenas de plazas duras de cemento y ruido, donde se ha eliminado cualquier atisbo de misterio o rincón íntimo.
El oasis necesario: Frente a este desarraigo y este «nomadismo» constante que nos impide echar raíces, el ser humano siente la necesidad vital de crear un jardín. Un refugio donde el tiempo pasa a otra velocidad y donde podemos reconectar con algo real.
¿Qué tiene que ver esto con nosotros? Todo. El autor defiende el concepto del «jardín selvático».
No forzar la naturaleza: A diferencia del jardín estructurado (donde todo se poda y se controla obsesivamente), el jardín selvático se basa en el «no actuar» excesivamente. El jardinero planta la semilla y deja que la naturaleza siga su curso, colaborando con ella en lugar de dominarla.
Nuestra mirada: En la fotografía ocurre exactamente lo mismo. Cuando salimos a la calle con la cámara, no intentamos controlar la realidad ni fabricarla; intentamos comprenderla y ordenar ese caos salvaje dentro de nuestro encuadre. Cada fotógrafo, al editar sus imágenes, está cultivando su propio jardín visual.
Y es precisamente de toda esta filosofía de donde nace nuestra nueva identidad.
El concepto: Somos una comunidad que habita en un espacio virtual (remoto), pero que lucha cada día por hacerlo humano, cercano y cálido.
El propósito: Jardín Remoto es nuestro oasis particular. Un lugar alejado del ruido de las redes sociales rápidas, donde venimos a refugiarnos, a plantar nuestras semillas visuales (nuestros proyectos) y a verlas crecer poco a poco, con paciencia y sin forzar el ritmo.
Hacer fotos es nuestra manera de resistir al paso del tiempo y a la frustración existencial. Al igual que un jardinero cuida sus plantas para crear belleza en medio del cemento, nosotros disparamos para encontrar la poesía en medio de la rutina. A partir de hoy, este espacio ya tiene nombre oficial. Espero que sintáis este Jardín Remoto tan vuestro como lo siento yo, y que lo sigamos cultivando juntos.
Si estás cansado de la inmediatez de los likes y quieres un espacio para reflexionar, editar y construir proyectos a fuego lento, acabas de encontrar tu refugio. 👉 [Únete a la Comunidad de Jardín Remoto]
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