«Cuando no sepas qué fotografiar, fotografía la luz.»
Solemos asociar a Joel Meyerowitz con el dinamismo de las calles de Nueva York y su Leica de 35mm. Pero en esta sesión exploramos su otra cara: la del fotógrafo reflexivo que, a mediados de los 70, cargó con una pesada cámara de placas de madera para enseñarnos a mirar despacio.
Analizamos cómo la herramienta cambia al autor y por qué Cape Light es una biblia de la luz y el color.
Meyerowitz, junto a Stephen Shore y William Eggleston, formó parte de la generación que demostró que el color no era vulgar, sino artístico.
Hasta entonces, si querías ser tomado en serio, disparabas en blanco y negro (la luz esculpía la forma).
Meyerowitz demostró que el color era un lenguaje en sí mismo, capaz de describir la atmósfera y la temperatura de un recuerdo.
¿Qué pasa cuando un fotógrafo de calle coge una cámara gigante (8×10) y un trípode?.
La Pausa: Ya no puedes cazar al vuelo. Tienes que plantar el trípode y pensar. El acto fotográfico se vuelve solemne y meditativo.
La Visión Invertida: Como explico en el vídeo, en estas cámaras la imagen se ve al revés en el cristal esmerilado. Esto ayuda a componer de forma abstracta, viendo manchas de color y formas en lugar de objetos.
El «Momento Lápida»: En los retratos, la persona sabe que está siendo inmortalizada. Se crea una tensión y una rigidez (la pose) que, lejos de ser mala, conecta con la historia de la pintura.
Meyerowitz habla de la ambigüedad de la fotografía.
Una foto no es una verdad cerrada. Es «elástica».
Puede leerse como un documento de una época (los coches de los 70, la ropa) o como una metáfora emocional de la soledad o el verano. Su significado se estira dependiendo de quién la mire.
Cerramos la sesión conectando a Meyerowitz con Paul Strand.
Meyerowitz editó el último libro de Strand, El Jardín de Orgeval. Strand, ya anciano, apenas salía de su casa y se dedicó a fotografiar las plantas de su jardín.
La lección: No hace falta viajar a lugares exóticos. La madurez fotográfica llega cuando eres capaz de encontrar un universo entero en tu propio patio trasero, volviendo a la sencillez.
El gran consejo de Meyerowitz para cuando te quedas sin ideas: Busca la luz. Aunque el paisaje sea el mismo de siempre, la luz siempre cambia, y si la persigues, ella te regalará la foto.
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