«La fotografía es el arte de la apropiación. La cámara pone un inmenso poder en manos de cualquiera.» — Susan Sontag
Hoy os pido que abráis la mente. Vamos a hablar de una disciplina que suele escandalizar a los puristas: el Apropiacionismo. ¿Es John Maloof el autor de la obra de Vivian Maier por haberla seleccionado y editado? ¿Es posible crear una obra original usando fotos que no son tuyas?
Para entender esto, hay que superar el mito de la originalidad.
La Angustia (Harold Bloom): En el siglo XX, se pensaba que el artista debía «matar al padre» para ser original. Estar influenciado era visto como una debilidad.
El Éxtasis (Jonathan Lethem): En la posmodernidad, entendemos que todo es un remix. No debemos sufrir por nuestras influencias, sino celebrar que «robamos» de nuestra cultura. Es lo que hace el Hip Hop con el sampling (como DJ Shadow creando discos enteros con trozos de otros discos).
En 1979, Sherrie Levine hizo lo impensable: fotografió las fotos de Walker Evans y las expuso como suyas bajo el título After Walker Evans.
¿Es plagio? No, es concepto.
La Distancia: Levine no vendía la imagen de la mujer pobre de Alabama; vendía una reflexión sobre la autoría y la reproducción. Creó una «tercera distancia» entre el sujeto y el espectador.
No hace falta irse a los museos. Hoy en día, el apropiacionismo está más vivo que nunca:
La Basura como Tesoro (Los Modlin – Paco Gómez): Paco encontró fotos de una familia extraña en la basura de Madrid. Dedicó 10 años a investigar y reconstruir su historia, mezclando realidad y ficción. Él no hizo las fotos, pero él es el autor del relato.
Viajar sin moverse (Agoraphobic Traveller – Jacqui Kenny): Una mujer con agorafobia que recorre el mundo a través de Google Street View. Ella encuadra y captura pantallazos, demostrando que la mirada del fotógrafo funciona incluso en un entorno virtual.
El catálogo de lo invisible (Craig Mirrors – Eric Oglander): Recopila anuncios de espejos de segunda mano donde la gente intenta (sin éxito) no salir reflejada. Convierte fotos utilitarias y torpes en arte involuntario.
Inspirado por esto, os presento mi pequeño proyecto en proceso: Espejo Molger Abedul.
Busco en Wallapop el mismo modelo de espejo de IKEA una y otra vez.
Al ordenarlas, parece que es un único espejo que viaja de casa en casa, envejeciendo. Es una reflexión sobre la producción en serie y la identidad doméstica.
Si algo aprendemos del apropiacionismo es que la autoría no reside en el dedo que dispara, sino en la mente que ordena. No te obsesiones con ser original; obsesiónate con tener algo que decir, aunque sea usando las palabras (o las fotos) de otro.
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