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Henri Cartier-Bresson: Geometría, Zen y la trampa del "Momento Decisivo"

«Fotografiar es poner la cabeza, el ojo y el corazón en el mismo eje».

Todos hemos oído hablar del «Momento Decisivo». Se ha convertido en un cliché que repetimos sin pensar. Pero, ¿qué significa realmente? ¿Es solo apretar el botón en el segundo exacto en que alguien salta un charco?

En esta clase central del ciclo de Historia, desmontamos al mito para encontrar al hombre. Henri Cartier-Bresson (HCB) no era un cazador de noticias; era un cazador de formas.

1. Antes del Humanismo fue el Surrealismo

Solemos asociar a Bresson con el periodismo de Magnum, pero su mirada se educó en el Surrealismo.

  • Analizamos sus primeras obras (México, España) donde no importa tanto «qué pasa», sino el misterio, las sábanas que parecen fantasmas y las composiciones oníricas.

  • Sin entender este pasado surrealista, es imposible entender por qué sus fotos de guerra parecen cuadros perfectos.

2. La Geometría como obsesión

Cartier-Bresson no recortaba sus fotos. Jamás.

  • Explicamos su obsesión casi enfermiza por la composición en cámara. Para él, la geometría no era estética, era estructura. Si la foto no tenía un esqueleto visual perfecto (la proporción áurea), no servía, por muy importante que fuera el evento.

  • El Zen: Relacionamos su forma de disparar con el libro «El Zen en el arte del tiro con arco». HCB no «buscaba» la foto, dejaba que la foto le encontrara a él en un estado de alerta pasiva.

3. Magnum y la renuncia

Hablamos de la fundación de la Agencia Magnum y cómo, paradójicamente, el éxito profesional le alejó de su verdadera pasión.

  • HCB se convirtió en el «Ojo del Siglo», retratando la muerte de Gandhi o la China comunista, pero en el fondo, él siempre quiso ser pintor.

  • El vídeo cierra con su etapa final: cuando guarda la Leica en una caja fuerte y vuelve al lápiz, demostrando que la fotografía fue solo un medio, no un fin.

Conclusión: Educar el instinto

No podemos copiar a Cartier-Bresson (sería inútil), pero podemos aprender su lección más valiosa: la técnica debe ser tan automática que se vuelva invisible, para que solo quede la intuición.

Gustavo Bravo (foto: Jeosm)

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