«No fotografío la vida como es, sino como me gustaría que fuera».
Si Henri Cartier-Bresson era el «ojo del siglo», Robert Doisneau era el corazón. En esta sesión del ciclo de Fotografía Humanista, nos adentramos en el París de la posguerra para analizar la obra de un hombre que decidió combatir la grisura de lo cotidiano con humor, ternura y un toque de picardía.
Pero, como veremos, en la fotografía humanista no todo es lo que parece.
Es probablemente la imagen más reproducida en pósters y postales de la historia. Una pareja besándose apasionadamente en el caos de París. El símbolo del amor espontáneo.
El jarro de agua fría: En la clase desmontamos el mito. La foto no fue robada, fue preparada. Doisneau contrató a dos actores (una pareja real) para un encargo de la revista Life sobre el romance en París, ya que en esa época la gente no se besaba así en la calle.
La técnica perfecta: Lejos de ser un error, la preparación demuestra su maestría. Analizamos cómo usa la técnica del barrido (velocidad lenta) para que el fondo se mueva y la pareja quede nítida, creando ese efecto de «tiempo detenido».
El debate: ¿Pierde valor la foto al saber que es un montaje? Analizamos por qué, para Doisneau, la «verdad emocional» era más importante que la «verdad documental».
Si El Beso muestra su lado romántico, la serie sobre Les Halles muestra su faceta de cronista histórico.
Durante más de 30 años, Doisneau documentó el antiguo mercado central de París (el «Vientre» que describió Zola) antes de que fuera demolido para construir un centro comercial moderno.
Analizamos cómo retrató a los carniceros, las floristas y los noctámbulos. Aquí no hay actores; hay un duelo por una forma de vida que desaparecía bajo la piqueta del progreso.
Doisneau se definía como un «pescador» (que espera pacientemente en su escenario) en contraposición al «cazador».
Vemos sus fotos de los suburbios obreros (donde él vivía) y su capacidad para encontrar la dignidad y el humor en la clase trabajadora, lejos de la frialdad de otros documentalistas.
Doisneau nos enseña que toda fotografía es subjetiva. Ya sea montando una escena o eligiendo dónde poner la cámara en un mercado, el fotógrafo siempre está construyendo su propia versión del mundo.
La historia de los grandes maestros está llena de trucos y lecciones de narrativa que aplicamos hoy en día. Si quieres educar tu mirada con los clásicos, este es tu sitio. 👉 [Accede al Ciclo de Historia y Fotografía Humanista]
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