«Para fotografiar la noche, primero hubo que vencer al tiempo.»
En esta primera entrega del ciclo sobre Fotografía Nocturna, viajamos al pasado. Hoy es fácil subir el ISO a 6400, pero a finales del siglo XIX, las placas tenían una sensibilidad equivalente a ISO 3. Esto significaba que una foto nocturna requería 15 minutos de exposición.
Analizamos cómo los grandes maestros superaron estas barreras técnicas para crear un lenguaje artístico que convirtió la oscuridad en lienzo.
Todo empieza con Paul Martin en el Londres victoriano.
El Reto: Para evitar que la policía le detuviera por estar quieto tanto tiempo en la oscuridad, Martin disfrazaba su cámara como si fuera una caja de mercancías.
La Estética: Sus fotos tienen halos y luces movidas, no por arte, sino por pura supervivencia técnica.
Alfred Stieglitz: El pictorialista. Él salía con mal tiempo (nieve, lluvia, niebla) a propósito. ¿Por qué? Porque la atmósfera difusa suavizaba el contraste extremo de las farolas de gas, haciendo posible la foto.
El gran protagonista de la sesión. Brassaï no solo documentó los bajos fondos de París, sino que elevó la noche a categoría de arte.
El Cronómetro de Tabaco: Sin fotómetros fiables, Brassaï medía el tiempo de exposición con sus cigarrillos. Si había algo de luz, un cigarro. Si estaba muy oscuro, dos cigarros.
El Suelo como Espejo: Aprovechaba siempre el pavimento mojado o húmedo para reflejar las luces y duplicar la información visual.
La Serie «Graffiti»: Una lección de iluminación. Brassaï usaba luz lateral rasante (de farolas o flash) para resaltar la textura de los dibujos en las paredes, demostrando que la luz frontal «mata» el volumen.
Mientras Brassaï miraba a ras de suelo en París, Berenice Abbott miraba hacia arriba en Nueva York. El Cambio de Era: Su famosa foto Nightview, New York (1932) marca el paso de la luz de gas a la electricidad. La Técnica: Abbott capturó la geometría de los rascacielos encendidos, creando un tapiz de ventanas brillantes que definía la metrópolis moderna. Ya no era una noche misteriosa y nebulosa, era una noche nítida, vertical y potente.
En los años 50, este ingeniero obsesionado con los trenes de vapor hizo lo imposible: crear el día en la noche.
Para iluminar trenes enormes en movimiento, desplegaba un kilómetro de cable y decenas de bombillas de flash de un solo uso.
Era una apuesta a todo o nada: si el tren pasaba y el flash fallaba, perdía cientos de dólares y todo el trabajo.
La larga exposición evolucionó de necesidad técnica a recurso narrativo.
Hiroshi Sugimoto: Su serie Theaters deja el obturador abierto durante toda la película. La pantalla blanca resultante es la suma de todas las imágenes proyectadas.
Alexey Titarenko: En San Petersburgo, usó la larga exposición para convertir a las masas de gente en sombras fantasmales, una metáfora de la caída de la Unión Soviética.
Michael Kenna: El poeta del paisaje. Usa exposiciones de horas con su Hasselblad de formato cuadrado para conseguir una atmósfera zen y minimalista, donde el agua parece seda y las nubes desaparecen.
Trent Parke: Cerramos con Minutes to Midnight. Parke usa el flash y el alto contraste para crear una noche alucinógena y visceral, casi de película de terror, muy lejos del romanticismo de Brassaï.
Como hemos visto, la noche no es solo falta de luz, es otro mundo. Ya sea contando cigarros como Brassaï o usando flashes como Link, la clave es salir y probar.
Hemos lanzado un Nuevo Reto Fotográfico para este mes. Tenéis hasta el lunes 9 de febrero para enviar vuestras fotos nocturnas aplicando lo aprendido. ¡Hay fotolibros de premio! 👉 [Participar en el Reto de Fotografía Nocturna]
Haz clic en mi nombre, escribe lo que necesitas y te digo algo lo antes posible