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André Kertész: El padre de la fotografía humanista al que todos debemos algo

«Todos le debemos algo a Kertész». (Henri Cartier-Bresson)

Con esta frase demoledora inauguramos el Ciclo de Fotografía Humanista en Jardín Remoto. Antes de que existiera el «instante decisivo» o la Agencia Magnum, hubo un húngaro que cogió una cámara pequeña (la Leica) y empezó a fotografiar la calle no como un reportero, sino como un poeta.

André Kertész es el «Santo Patrón» de los fotógrafos que disparan con el corazón.

1. El eterno Amateur (y a mucha honra)

Kertész nunca quiso ser un profesional aséptico.

  • En el vídeo analizamos su etapa en Hungría y París, donde definía su estilo: «Yo no documento, yo interpreto lo que siento».

  • Mientras otros buscaban la noticia, él fotografiaba a un violinista ciego, una silla vacía en los jardines de Luxemburgo o a sus amigos artistas (Mondrian, Colette). Su fotografía era un Diario Personal mucho antes de que se inventara el término.

2. Las Distorsiones y el Surrealismo

Aunque se le etiqueta como humanista, Kertész coqueteó con el surrealismo con sus famosas «Distorsiones» (desnudos reflejados en espejos de feria). Explicamos cómo esta búsqueda visual pura demuestra que, además de sensibilidad, tenía una técnica y una audacia visual que se adelantó décadas a su tiempo.

3. La tragedia de Nueva York: "Estoy muerto"

La segunda mitad de la clase aborda su etapa más oscura y conmovedora.

  • Al mudarse a EEUU, Kertész fue rechazado. Sus fotos eran «demasiado humanas» para las revistas americanas que querían información literal.

  • Acabó trabajando para revistas de decoración (House & Garden) fotografiando salones vacíos para sobrevivir. Analizamos sus fotos desde la ventana de su apartamento en Washington Square, imágenes cargadas de soledad y melancolía de un genio que se sentía invisible.

Conclusión: El reconocimiento tardío

Kertész murió sabiendo que era un genio, pero con la amargura de no haber sido entendido a tiempo. Estudiar su obra es un acto de justicia y la mejor forma de entender que la técnica sin alma no sirve de nada.

Gustavo Bravo (foto: Jeosm)

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