Todd Hido (Kent, Ohio, 1968) es uno de los fotógrafos contemporáneos más destacados de Estados Unidos y un referente indiscutible en la narrativa visual moderna. Su obra desafía la clasificación tradicional: ¿es documental? ¿es ficción? ¿es autobiografía? La respuesta de Hido es siempre una mezcla de las tres.
Es mundialmente conocido por sus fotografías de casas suburbanas por la noche (House Hunting), imágenes cargadas de una atmósfera inquietante, solitaria y voyerista que recuerdan al cine de David Lynch o Alfred Hitchcock. Pero Hido es mucho más que «el fotógrafo de casas»: es un maestro del paisaje visto a través del parabrisas lluvioso, del retrato psicológico y, sobre todo, del fotolibro como soporte artístico final.
A diferencia de los fotógrafos que buscan la nitidez técnica absoluta, Hido abraza el error, la condensación, el desenfoque y la luz «sucia» para transmitir emociones viscerales. Su trabajo nos recuerda que la fotografía no trata sobre lo que vemos, sino sobre lo que recordamos.
Todd Hido es un autor que cambia las reglas del juego para muchos estudiantes. ¿Por qué? Porque nos libera de la tiranía de la perfección técnica para centrarnos en la atmósfera.
Cuando analizamos a Hido en Jardín Remoto, lo primero que destaca es su uso de la luz narrativa. Él no ilumina sus escenas con flashes de estudio (como haría Gregory Crewdson); él encuentra la luz. Utiliza la iluminación disponible —el resplandor de un televisor a través de una ventana, una farola de vapor de sodio, los faros de su propio coche— para sugerir una historia. Esa ventana encendida en una casa oscura nos obliga a preguntarnos: ¿Quién está ahí? ¿Qué está pasando? ¿Es un refugio o una prisión?
El parabrisas como filtro emocional: Una de sus grandes lecciones es el uso del coche como cámara oscura. Muchas de sus fotos de paisajes están hechas desde el asiento del conductor. Hido no limpia el cristal; deja que la lluvia, el barro o la condensación actúen como un filtro pictórico. Esto nos enseña que la textura puede ser más importante que la nitidez. Transforma un paisaje banal en una pintura impresionista cargada de melancolía.
La narrativa ambigua: Hido es el maestro del «casi». Sus fotos nunca te cuentan la historia completa. Él te da el escenario, la atmósfera y el tono, pero tú, como espectador, tienes que poner el guion. Fíjate en cómo edita sus libros: mezcla una casa abandonada, un retrato de una mujer en un motel y un paisaje tormentoso. No hay una relación lógica, pero hay una relación emocional fortísima.
Fotografía lo que sientes, no lo que ves: Hido dice que él fotografía sus propios recuerdos de infancia en Ohio, incluso cuando está en California. Busca lugares que resuenen con tu memoria.
El poder de la metáfora: Una casa vacía no es arquitectura, es un retrato de la soledad. Un carretera con niebla no es un paisaje, es la incertidumbre del futuro.
La edición lo es todo: Hido trabaja sus libros emparejando imágenes opuestas para crear una tercera lectura (el «efecto Kuleshov» aplicado a la foto fija).
Todd Hido nació en 1968 en Kent, Ohio, un lugar que marcaría su ADN visual para siempre. El paisaje gris, industrial y suburbano del Medio Oeste americano durante los años 70 es el escenario recurrente que Hido busca incesantemente, incluso cuando fotografía en otros lugares.
Su juventud estuvo marcada por la cultura del BMX y el skate, pasando horas recorriendo barrios residenciales, una práctica de observación constante que luego trasladaría a su método de trabajo: conducir durante horas buscando la imagen perfecta.
Estudió en la Escuela del Museo de Bellas Artes de Boston y posteriormente obtuvo su maestría (MFA) en el California College of Arts and Crafts (CCAC) en 1996. Allí tuvo como mentor a Larry Sultan, una de las figuras clave de la fotografía conceptual americana. De Sultan aprendió a mirar el entorno doméstico y familiar no como algo seguro, sino como un escenario de tensiones ocultas (influencia clara de la obra de Sultan Pictures from Home).
Su carrera despegó con la publicación de su primer libro monográfico, House Hunting. El libro presentaba grandes casas suburbanas fotografiadas de noche, sin personas visibles, iluminadas solo por la luz artificial del entorno. Las imágenes, tomadas con largas exposiciones en formato medio (Pentax 6×7), capturaban una sensación de inquietud y aislamiento que resonó profundamente en la psique americana post-11S (el libro salió poco antes, pero se popularizó en ese contexto de inseguridad doméstica).
A diferencia de otros autores que se repiten, Hido expandió su universo.
En Roaming (2004) y A Road Divided (2010), se centró en el paisaje visto desde la carretera, introduciendo la estética del parabrisas y el clima adverso.
En Between the Two (2006), introdujo el retrato y el desnudo, fotografiando modelos en habitaciones de motel baratas, mezclando estas imágenes con paisajes para crear narrativas de ruptura y pérdida.
En 2013, publicó Excerpts from Silver Meadows, considerada su obra más compleja y autobiográfica. «Silver Meadows» era el nombre de un parque en su ciudad natal. En este libro, Hido mezcla fotos de archivo familiar, documentos, paisajes y retratos nuevos para crear una «falsa memoria» de su infancia, borrando la línea entre realidad y ficción.
Su obra más reciente, Bright Black World (2018), marca un giro estético hacia lo oscuro y lo nórdico, explorando paisajes de Islandia y el norte de Europa con una mirada más pesimista y ambiental, influenciada por la idea del cambio climático y la oscuridad política global.
Todd Hido vive en el Área de la Bahía de San Francisco. Sus obras están en las colecciones permanentes del Guggenheim de Nueva York, el MoMA de San Francisco, el Whitney Museum y el Art Institute of Chicago.
Hido no planifica sus localizaciones con mapas. Su método es puramente intuitivo y cinético.
El coche como estudio: Hido conduce de noche, a veces durante 6 o 7 horas seguidas. El coche es su herramienta principal: le protege del frío, le sirve de trípode improvisado (apoyando la cámara en el volante o la ventanilla) y sus faros a menudo iluminan la escena.
Técnica analógica: A pesar de la era digital, Hido sigue utilizando película analógica (Kodak Portra 400 a menudo forzada) y una cámara de formato medio Pentax 6×7. Revela e imprime sus copias cromogénicas (C-Prints) buscando colores que no sean «reales», sino «psicológicos». Le gustan los tonos cian en las sombras y el brillo naranja del vapor de sodio.
Sin retoque digital: La atmósfera brumosa o desenfocada de sus fotos no es Photoshop. Es real. Es la condensación en el cristal, la falta de enfoque de la lente o la larga exposición.
Todd Hido se considera a sí mismo un «hacedor de libros» (bookmaker) más que un productor de impresiones para pared. Para él, la foto individual es como un fotograma de una película: necesita de las otras para tener sentido completo.
«Hago fotografías como un documentalista, pero las imprimo como un pintor y las edito como un cineasta.»
Sus libros son famosos por su secuenciación. Hido coloca dos imágenes en páginas opuestas (dípticos) que obligan al cerebro a conectarlas.
Ejemplo: Una foto de una cama deshecha en un motel sucio (página izquierda) junto a un coche conduciendo bajo la lluvia en una carretera oscura (página derecha).
Efecto: Inmediatamente imaginamos una huida, un crimen o un abandono, aunque las fotos se hayan tomado con años de diferencia.
Esta técnica es vital para los alumnos de Jardín Remoto que estén armando sus portafolios: el orden de los factores sí altera el producto.
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