«Hacer fotografías es lo más maravilloso que hay en el mundo, pero pensar que la emoción del disparo se impregna automáticamente en las fotos es un error.»
Soy el fotógrafo Gustavo Bravo. En esta segunda y última sesión de análisis del certamen nos ha acompañado de nuevo Ana Sampedro para evaluar el resto de propuestas y desvelar los dos proyectos finalistas. Ha sido una labor de selección muy difícil, pero enormemente constructiva para entender que una buena serie fotográfica necesita tiempo, reflexión y una edición fría y racional.
Los dos primeros trabajos analizados en esta sesión muestran buenas intenciones, pero carecen de una edición fotográfica madura.
la ciudad difusa: «Elle» de Oihana es una carta de amor a Barcelona, pero dedica sus cinco primeras fotos a una sesión de pedicura que despista por completo del tema central. Además, al trabajo le falta cercanía y retratos potentes que anclen la historia, por no hablar de que rompió el anonimato al incluir su nombre.
la ironía a medias: «Todo incluido» de Cris juega con humor a desmontar las vacaciones idílicas, pero mezcla grandes imágenes con otras tomadas al vuelo desde el coche. Para que el proyecto funcione, hay que ser despiadados en la edición, eliminar las fotos que no aportan plásticamente y atreverse a incluir a la propia familia en el relato.
El trabajo de Silvia Martín parte de una premisa preciosa sobre cómo idealizamos los destinos antes de visitarlos.
las grandes palabras: aunque fotográficamente hay imágenes muy hermosas que mezclan postales y fotos actuales, el concepto peca de ser demasiado liviano y edulcorado.
la falta de arraigo: el texto explica lo que las imágenes no logran transmitir por sí solas. Un trabajo documental necesita bajar a la tierra, abandonar la superficie de los lugares turísticos y mostrar una opinión visual clara y menos complaciente sobre lo que se fotografía.
Josean y Silvia Terreros han presentado los dos proyectos finalistas de este año, demostrando coherencia y trabajo constante.
el diario impecable pero distante: el trabajo de Josean por Alemania es una serie muy compacta y fotográficamente sobresaliente. Sin embargo, se queda en la superficie de un viaje donde las imágenes funcionan como anotaciones visuales muy pulidas, pero a las que les falta una capa de profundidad emocional.
el exceso de literatura: «Irse para volver» de Silvia Terreros es un diario íntimo bellísimo ilustrado con fotografías Polaroid. El único pero que le alejó del premio es que la gran cantidad de texto termina restando protagonismo a las imágenes, convirtiéndolo más en una obra literaria que puramente fotográfica.
Analizar estos trabajos nos demuestra que tener talento para disparar no es suficiente para construir una narrativa visual sólida. La edición requiere ser críticos con nuestras propias imágenes y buscar siempre esa capa de profundidad que conecta íntimamente con la audiencia. Para terminar con una gran noticia que marca un hito en la fotografía vasca contemporánea, os animo a asistir a la inauguración de la exposición coral de Araba Click en la Sala Amárica de Vitoria-Gasteiz, donde la propia Oihana expondrá el fantástico trabajo que ha desarrollado estos últimos meses.
Aprender a descartar tus fotos favoritas es el paso más difícil, pero el más necesario para crear un ensayo visual coherente. Acompáñanos y descubre cómo editar tu trabajo con intención y profundidad. 👉 [ver curso de fotografía documental]
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