«A veces, el mayor logro de un fotógrafo no es capturar la imagen perfecta, sino tener la valentía de materializar su proyecto y compartirlo con el mundo.»
Soy el fotógrafo Gustavo. Aprovechando que ayer celebramos el Día del Libro, he querido hacer un alto en el camino. Sé que muchos estáis ensimismados (y algo asustados) con la inminente presentación de vuestros proyectos, así que me ha parecido el momento ideal para calmar esos nervios explicando los entresijos de nuestro proyecto editorial más íntimo: el fotolibro de Graciela.
Graciela no solo fue una alumna desde nuestros inicios en 2020; era socióloga, educadora, poetisa y fotógrafa.
El legado visual: aunque lamentablemente nos dejó en 2022, yo tenía claro que debíamos terminar aquel proyecto de autorretratos sobre su enfermedad que habíamos empezado juntos. Editar este libro póstumo (con la ayuda de Pascual Arnau y Tapas Duras) ha sido nuestra forma de honrar su memoria y de continuar su chispa, sumándose a iniciativas como la beca que lleva su nombre.
Para entender cómo encaja este homenaje, hemos repasado la filosofía de nuestra aventura editorial junto al colectivo Revelare.
Dignidad y optimización: esta colección nace para dar salida física a los proyectos de alumnos que llevan años trabajando. Todos los libros comparten el mismo tamaño y número de páginas para optimizar recursos, logrando que trabajos muy personales vean la luz de la forma más digna y económica posible.
El espacio de las pequeñas canciones: a veces hay proyectos fotográficos que no necesitan las enormes tiradas de un fotolibro comercial tradicional. Son como pequeñas canciones que, aunque no abarquen un disco entero, merecen profundamente tener su propio espacio físico y ser escuchadas.
Compartir con vosotros todo el proceso, las decisiones de edición y el esfuerzo que hay detrás de este fotolibro tiene un objetivo doble. Por un lado, celebrar el trabajo de Graciela, que presentamos recientemente en el Ateneo de Madrid; por otro, desmitificar la creación de un libro para que perdáis el miedo a presentar vuestras propias maquetas y proyectos.
Editar el fotolibro de Graciela nos recuerda por qué disparamos nuestras cámaras a diario. No hacemos fotos para que mueran olvidadas en un disco duro, sino para dejar un testimonio vital de nuestra forma de mirar. Terminar un proyecto y convertirlo en un objeto tangible es un acto de respeto hacia nuestras propias imágenes y hacia nosotros mismos. Os animo a seguir trabajando con constancia en vuestras series y a disfrutar del proceso de cerrar etapas sin miedo al resultado final.
Descubrir el hilo conductor de tus fotografías y saber cómo estructurarlas en papel es el salto que tu obra necesita. Acompáñanos y da vida a tus proyectos. 👉 [ver curso de fotografía documental]
Haz clic en mi nombre, escribe lo que necesitas y te digo algo lo antes posible