«No fotografiamos lo que vemos, fotografiamos lo que somos.»
Tras la entrevista a Iren Zola, esta semana damos un giro de 180 grados. Dejamos de mirar el mundo para mirarnos a nosotros mismos. La Fotografía Subjetiva (término acuñado formalmente por Otto Steinert en los 50, pero practicado mucho antes) defiende que la imagen no es un registro de la realidad, sino una proyección del alma del fotógrafo.
Empezamos con el padre de la fotografía moderna en América.
El Concepto: Al final de su vida, Stieglitz empezó a fotografiar nubes. Pero no le interesaba la meteorología.
La Equivalencia: Llamó a estas fotos Equivalents. Para él, una nube era un «equivalente» visual de sus miedos, sus esperanzas y sus excitaciones. Nos enseñó que se puede fotografiar una emoción abstracta usando un objeto físico.
Si hay un autor que encarna la subjetividad íntima, es Sudek.
El Mundo Interior: Manco tras la Primera Guerra Mundial, Sudek se encerró en su estudio de Praga.
La Ventana: Su serie más famosa son las vistas a través de la ventana de su estudio, a menudo empañada por la condensación o la lluvia. Esa ventana actúa como un velo: no vemos el jardín con nitidez, vemos la melancolía y la soledad del autor proyectada sobre el cristal. Sudek no buscaba documentar Praga, buscaba habitar su propia atmósfera.
Damos un salto a Japón para ver la versión más dolorosa de esta corriente.
El Duelo: Tras su divorcio, Fukase entró en una depresión profunda y se obsesionó con los cuervos.
La Proyección: Ravens no es un libro de ornitología. Es un autorretrato de su desesperación. Los cuervos son negros, agresivos, borrosos y siniestros porque así se sentía él. Es uno de los mejores ejemplos de cómo usar el mundo exterior para gritar un dolor interior.
El Espejo vs. La Ventana Como decía John Szarkowski, la fotografía puede ser una ventana (para ver el mundo, como los documentalistas) o un espejo (para verse a uno mismo). En esta clase hemos aprendido a usar el espejo. Hemos visto que una nube, un cristal sucio o un pájaro negro no valen por lo que son, sino por lo que nos hacen sentir. La fotografía subjetiva nos libera de la obligación de «contar la verdad» para permitirnos contar nuestra verdad.
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